La (mala) adaptación a la crisis climática

Con la próxima realización de la COP25 en Chile, el tema del cambio climático está copando la agenda pública, lo que para quienes llevamos años trabajando en la temática ambiental, naturalmente nos alegra.

Sin embargo, las medidas de adaptación que se toman deben ser analizadas con mayor detención y profundidad, otorgando una mirada más sistémica a los problemas, ya que muy buenas ideas pueden ser implementadas en forma deficiente, provocando incluso efectos peores que los que se quieren remediar.

Un ejemplo de ello es la creciente promoción a la electromovilidad. Sin duda una excelente iniciativa, levantada por variadas instituciones y también por grandes compañías generadoras de energía. No obstante, con la misma fuerza que se promueve esta idea, se debe impulsar que esta electromovilidad sea en base a energías limpias. De lo contrario, lo que estaremos ahorrando en el transporte a la vez lo estaremos emitiendo en las fuentes de generación.

Durante 2018 el 40% de la energía en Chile fue creada por generación termoeléctrica con base en el carbón. Entonces una muy buena iniciativa, se ve ensombrecida por una fuente de energía que genera innumerables problemas ambientales, entre ellos la generación de gases con efecto invernadero.

Es por ello que deberemos estar muy atentos a que la promoción de las energías limpias, se hagan también minimizando sus impactos ambientales. Esto debido a que, por ejemplo, estas nuevas energías y tecnologías requieren el uso de productos químicos muy valorados en la actualidad, como son los elementos de tierras raras y de transición, muy poco estudiados desde el punto de vista ambiental.

La demanda por estos productos está presionando la búsqueda de nuevas fuentes de estos importantes elementos, como lo demuestra el proyecto minero de la comuna de Penco. Entonces es necesaria una mirada sistémica al problema.

Otro ejemplo es la carretera hídrica que se quiere implementar trasvasando aguas desde el sur al norte del país. En este caso, se trata de un recurso que está escaseando a niveles que nunca habíamos observado en la zona centro-norte del país, hoy en emergencia hídrica, pero que parte de la base que en el centro-sur del país este recurso existe en excedencia. A pesar de ello, la situación hídrica de nuestra zona y los datos con que disponemos, nos permiten plantear que la hipótesis que en nuestra región sobra agua, no es efectiva.

Hace algunos años hicimos un estudio de percepción del agua en varias regiones de Chile, y notamos que existía una disponibilidad en las personas de la Región del Biobío a donar agua a otras zonas deficitarias. Probablemente, si hiciéramos este estudio hoy, el resultado sería distinto.

Al pretender trasladar agua desde las desembocaduras de los ríos, a través del mar, ignorando un aspecto importante como lo es que en nuestras cuencas la calidad del agua es de muy baja calidad en esas zonas. Por esa razón, y dependiendo del uso que se le quiera dar esa agua trasladada a miles de kilómetros, deberá ser también tratada para poder utilizarla con fines de riego o industriales.

Por otra parte, el proyecto por el pie de monte de la Cordillera de los Andes debe considerar además la reducción de los volúmenes de agua disponible, por la menor caída de nieve y lluvia en esas áreas.

En síntesis, dos formas de mirar el problema de la adaptación al cambio climático que carecen de una visión sistémica, y que de implementarse, requieren de una base técnica y científica mayor a la que hoy ofrecen sus proponentes.

Humedal los Batros
Rio Biobio

Dr. Ricardo Barra.
Profesor titular Facultad de Ciencias Ambientales,
Investigador de los centros Eula y Crhiam,
Universidad de Concepción.